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Qué pasa en la primera sesión con un psicólogo (de verdad)

Foto del escritor: Pedro Chaves
Pedro Chaves
16 abr 2025
3 min de lectura

Antes de venir por primera vez, casi todo el mundo imagina algo parecido: un sofá, un señor con gafas tomando notas, preguntas incómodas sobre la infancia y mucho silencio incómodo.

La realidad es bastante diferente.


Lo primero: no tienes que llegar con nada preparado

Una de las cosas que más alivio genera en la primera sesión es descubrir que no hace falta tenerlo todo claro. No tienes que saber exactamente qué te pasa, no tienes que haber identificado el origen de tu problema ni tienes que ser capaz de explicarlo bien.

Puedes llegar con un "no sé muy bien por dónde empezar" y es suficiente. De hecho, es lo más honesto.


Qué ocurre en esa primera hora

La primera sesión es principalmente una conversación. Te haré preguntas sobre lo que te está pasando, sobre tu vida, sobre qué te ha llevado a dar el paso ahora y no antes. No es un interrogatorio — es una forma de entender el contexto para poder ayudarte bien.

Lo que intento en ese primer encuentro es dos cosas:

Que te sientas escuchado de verdad. No con la cabeza asintiendo mientras pienso en el siguiente protocolo. Escuchado de verdad, con lo que dices y con lo que no terminas de decir.

Darte ya algo con lo que irte a casa. Una forma de entender lo que te está pasando que tenga sentido para ti — no en términos técnicos, sino en términos de tu vida concreta. Muchas personas me dicen que es la primera vez que alguien les explica su problema de una forma que realmente entienden.

Eso no es casualidad. Creo que una de las cosas más útiles que puedo hacer es tomar algo complejo y convertirlo en algo simple y manejable, con lo que puedas empezar a trabajar desde el primer día.


Lo que no va a pasar

No voy a pedirte que te tumbes en un sofá. No voy a quedarme en silencio esperando que hables tú solo. No voy a sacar conclusiones definitivas sobre tu vida en base a un sueño que tuviste de pequeño.

Y no voy a decirte lo que tienes que hacer. Mi trabajo no es darte respuestas — es ayudarte a encontrar las tuyas.


¿Y si me pongo a llorar?

Pasa. Con frecuencia. No hay ningún problema con eso — muchas veces es la primera vez que alguien habla de ciertas cosas en voz alta, y el cuerpo responde. No tienes que aguantarte ni disculparte.


Al final de la sesión

Cuando terminemos, te diré cómo veo tu situación y si creo que la terapia puede ayudarte. Tú decides si quieres continuar — sin presión y sin compromisos. Si sientes que no es el lugar adecuado para ti, también está bien decirlo.

La relación terapéutica tiene que ser cómoda para que funcione. Si no lo es, lo mejor es buscarlo en otro sitio, y eso también es válido.


¿Qué pasa después?

Si decidís continuar, acordaréis la frecuencia de las sesiones — habitualmente semanal o quincenal al principio — y empezaréis a trabajar de forma más estructurada.

Pero eso es después. Lo primero es ese primer paso, que suele ser el más difícil y el que más cuesta dar.

Si estás pensando en venir y tienes dudas sobre cómo es el proceso, puedes escribirme sin compromiso. Como psicólogo en Chiclana atiendo de forma presencial en el centro Educa y también online.


 
 
 

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