top of page

Cuando descansar también genera ansiedad

  • Foto del escritor: Pedro Chaves
    Pedro Chaves
  • 25 may
  • 2 min de lectura

¿A ti también te pasa, verdad?


Cuando existen experiencias psicológicas tan comunes entre las personas, tenemos que buscar su explicación en variables que nos afectan a todos. Es decir, en aquello que incentiva nuestra cultura y nuestra sociedad en su conjunto.


En un mundo donde el capital no tiene límites y uno siempre puede aspirar a más, en un sistema competitivo, como una carrera por ver quién consigue ahorrar más, mejorar más y crecer más, nuestra mente termina diseñándose como una excelente máquina productora.

Y a una máquina diseñada para producir no le puedes pedir que te deje descansar. Está diseñada para preguntarte por qué no estás estudiando, por qué no estás siendo útil o por qué no estás aprovechando mejor el tiempo.


Cuando la mente no tiene aquello que desea, cuando no le das ese pequeño alivio que necesita para sentir que está produciendo y cumpliendo la función que se le ha encomendado, aparece la ansiedad. La ansiedad es esa sensación bien conocida de nerviosismo, de rumiación y de malestar semioculto que te empuja a hacer algo.


La mente no se dedica a vivir, sino a sobrevivir. Y la supervivencia en la sociedad moderna ya no consiste en evitar depredadores, sino en evitar la sensación de no estar produciendo.

Un claro ejemplo de ello es cómo muchas veces solo conseguimos relajarnos o permitirnos descansar después de un esfuerzo elevado y sostenido, cuando por fin podemos pensar: “me lo merezco”. Como si no nos mereciéramos vivir la vida simplemente por existir, sino que hubiera que ganársela constantemente de alguna manera.


Si además metemos en la ecuación la cantidad de tiempo que pasamos haciendo cosas que supuestamente son ocio o disfrute, pero que en el fondo no lo aportan, como pasar horas deslizando vídeos en el móvil sin recordar prácticamente nada de lo que hemos visto, la sensación de pérdida de tiempo y vacío puede ser aún mayor.


Si no gestionamos nuestros horarios, organizamos nuestro tiempo y nuestras prioridades y, sobre todo, si no nos aclaramos bien para qué diantres queremos vivir, estamos perdidos. Porque entonces quedamos a merced de lo que la mente vaya diciendo. Y pocas veces la mente te animará simplemente a vivir una vida buena, disfrutable en el presente y valiosa a largo plazo.


Por eso necesitamos hacer el esfuerzo consciente de decidir cómo queremos vivir y actuar en consecuencia, para no dejarnos arrastrar continuamente por las corrientes de productividad y exigencia de la sociedad actual.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page